domingo, enero 08, 2012

Alma charnega

Siempre he dicho que conozco inmigrantes e hijos de inmigrantes que viven en Catalunya totalmente integrados y que, sin renunciar sentimentalmente de sus orígenes (lo que les dignifica), se sienten y actúan como patriotas catalanes, su tierra de adopción y a la que agradecen las oportunidades que les ha brindado (*).


No así la Chacón que, sabiendo como he sabido siempre yo que, como catalana (y mira tú que lo ha sido bien poco, ya que por sus obras los conoceréis), nunca podría aspirar a dirigir ni su partido (el PSOE, del que su PSC no es más que una sucursal espuria), ni mucho menos el estado español, para dar rienda suelta a sus legítimas aspiraciones ahora reniega de su catalanidad, del federalismo (de boquilla) de su partido chico, y se presenta en el pueblo de su padre, Olula del Río, Almería, para  reivindicarse como andaluza y españolísima.


O sea, ha mostrado su alma charnega y, si de verdad se sentía un poco catalana, la ha vendido por un plato de lentejas. Lo que, para gobernar en España, nunca lo habría hecho un auténtico y honrado catalán. Salvo que fuera un "botifler", un vendido o un traidor.
O un auténtico "somiatruites", un soñador iluminado, un bendito de Dios tarado o equivocado hasta el tuétano que creyera, además de en los Reyes Magos, que es posible cambiar España desde dentro.


La España eterna de matriz castellana, orgullosa y ladrona, haragana, holgazana, aprovechada y pícara, trilera acostumbrada a vivir del cuento o a costa de los demás (moros y judíos a los que exterminó o expulsó después de despojarles de sus bienes, indios de América cuyo oro saqueó inmisericordemente (**), catalanes a los que viene expoliando sus impuestos, etc.). Y que Dios me perdone por odiarles cordialmente.


Coronel Von Rohaut


(*) Y de la que no dicen que se ha hecho rica gracias a ellos. Que a los que lo dicen, y hay muchos, yo siempre les respondo que, si así fuera, por qué no se habían quedado a hacer rica su amada tierra, andaluza o extremeña, o por qué no se habían parado en Cuenca, cuando pasaban por allí de camino de la tierra prometida, y la hacían rica. Con lo que ahora Cuenca sería un Huston o un Seattle... (je, je, je) y no un cigarral.
(**) Y que benefició más a corsarios británicos y banqueros holandeses que a los mismos españoles que, vagos e ineptos, no supieron aprovechar este dinero ni hacerlo trabajar e incrementarlo (¡como que ya habían echado a los judíos...!).

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